Signos de rebeldía en la Iglesia Católica: La semana en que el Vaticano advirtió contra la...
Las palabras del Papa fueron ayer domingo generalizadoras: “Dios, Creador y Padre de todos, pedirá cuentas, aun con más severidad, a quien vierten en su nombre la sangre del hermano”. La condena de Benedicto XVI se dirigió ayer contra “la violencia en Irak, con atentados a las mezquitas”, en alusión a los enfrentamientos entre suníes y chiíes que han matado a más de doscientas personas, pero también contra los disturbios registrados en Nigeria entre cristianos y musulmanes, “con muchas víctimas y destrucción de iglesias y mezquitas”.
El mensaje de Ratzinger sobre la destrucción de “iglesias y mezquitas” sonaba muy conciliador tras la inusitada contundencia mostrada por el Vaticano tan sólo dos o tres días horas antes. “Si decimos a nuestro pueblo que no tiene derecho de ofender (a los musulmanes), tenemos que decir a los otros que no tienen el derecho a destruirnos a nosotros”, decía a los periodistas el cardenal Angelo Sodano, secretario de estado del Vaticano, en un cargo equiparable al del primer ministro.
No era la única voz que se elevaba pidiendo “reciprocidad” a los musulmanes en las llamadas a la tolerancia realizadas también unos pocos días antes por la alta jerarquía católica. En declaraciones al Corriere della Sera, el arzobispo Giovanni Lajolo, responsable de las relaciones exteriores del Vaticano, se pronunciaba contra la “cristianofobia” y concluía que la Iglesia no puede permanecer “inactiva frente a los asaltos a los cristianos”, asaltos que se han visto
incrementados tras la publicación de las viñetas sobre Mahoma.
A través de Internet, los grandes nodos de información cristiana no dejan de reseñar la “represión” de los cristianos en países donde son minoría, en contraste con las tolerantes sociedades occidentales respecto a los musulmanes que viven en su seno. Sin embargo, la persecución de los cristianos no es privativa de los países musulmanes, incluidos los más occidentalizados, como Marruecos. Mientras en otras regiones del mundo también se producen políticas de acoso, en algunos casos la jerarquía eclesiástica así mismo toma posiciones de rebeldía activa contra los respectivos gobiernos. Por ejemplo, contra el de Pekín.
Mientras en China caen bajo arresto sacerdotes de la “iglesia clandestina”, el nuevo cardenal de Hong Kong –muy crítico con Pekín- dice claramente que es "demasiado viejo" para cambiar y no mezclar religión con política, como le exige el gobierno chino. “La gente dice que soy rebelde. Pero si ayudas a los desfavorecidos, tienes que hablar alto o nadie te oirá”, ha dicho un Joseph Zen, de 70 años.
"Esperamos que la Iglesia Católica en Hong Kong mantenga la estabilidad, el desarrollo y la armonía de la sociedad de Hong Kong", ha declarado un portavoz de Pekín. La información de Ekklesia realiza sus propias matizaciones: "'Estabilidad' es una palabra comodín en el liderazgo comunista para aceptar su gobierno, y, en el caso de Hong Kong, para no demandar una transición más rápida hacia la democracia".